Buena parte de las malas experiencias en medicina estética no vienen de un mal tratamiento, sino de una expectativa mal construida. Estas preguntas ayudan a evitarlo.

Qué problema concreto tengo. Parece obvio, pero flacidez, pérdida de volumen y mala calidad de piel son cosas distintas con soluciones distintas, y a menudo se mezclan.

Quién va a realizarlo y con qué titulación. La normativa reserva determinados procedimientos a personal sanitario. Es legítimo preguntarlo y es mala señal que la respuesta sea evasiva.

Qué equipo se va a usar y desde cuándo lo tienen. La curva de aprendizaje existe: los parámetros mal aplicados son la causa más frecuente de efectos adversos.

Qué evidencia hay detrás. En tecnologías recién llegadas al mercado, como los equipos de XERF tensado facial, es razonable que la evidencia sea todavía limitada; lo que no es razonable es que se presente como concluyente.

Cuántas sesiones y en cuánto tiempo. Afecta al coste real y a la logística, sobre todo si hay que desplazarse.

Qué resultados son realistas en mi caso, qué puede salir mal, qué hago si ocurre, cuánto dura el efecto y cuánto cuesta todo el proceso completo, no solo la primera sesión.

Y la décima: qué pasa si no hago nada. Una consulta honesta debería poder responderla sin incomodarse.