TDT_No_gracias
Desde que (en tiempos remotísimos) algún listo inventara el famoso método del palo y la zanahoria, el ser humano no ha dejado de sentir temor por los más presuntos peligros, así como veneración por paraísos que nunca terminan de llegar a nuestras vidas. Lo estamos viendo estos días con el lamentable asunto del apagón analógico, previsto para los próximos meses. Según la propaganda oficial, con la Televisión Digital Terrestre nos espera la arcadia feliz: docenas de canales de radio y televisión, en una calidad de imagen y sonido nunca vista. Por el contrario, de no darnos prisa y no adaptamos a los nuevos tiempos penetraremos de rondón en el infierno de Dante, al quedarnos descompuestos y sin tele. Una pesadilla hecha realidad, comparable a los apocalipsis que se nos barruntaban con el 'efecto 2000' y la gripe aviar.
Antena rural
Desde luego, obligar al ciudadano medio a contratar un instalador, a cambiar de antena, a comprar un descodificador (sea eso lo que fuere) o a cambiar de tele es una inmoralidad de marca mayor y un despropósito, especialmente en medio de la crisis económica que estamos atravesando. Cuando las familias se las ven y se las desean para pagar la hipoteca y llegar a final de mes, o cuando nuestros mayores reciben unas pensiones de miseria, realizar un desembolso semejante (bajo la espada de Damocles de un ultimátum) no parece de recibo. Si el cambio al menos sirviera para ver mejores programas, documentales, series y películas la cosa podría tener su aquel, pero no parece que éste vaya a ser el caso, con tanta teletienda y tanta reposición de contenidos cutres. Además, tengo entendido que (al viajar la señal por el aire) el más leve soplo de brisa hace que la pantalla se ponga en negro y no haya manera de ver un pimiento.

Está claro que nuestros queridos gobernantes -muy aficionados a malgastar el dinero del contribuyente con la creación de canales de televisión estatales, autonómicos y locales a cual más prescindible o a favorecer con sus concesiones a los grupos mediáticos más afines a sus intereses- nos la han colado bien doblada con este invento infernal, que de haberse implementado de otra guisa podría haber sido un gran avance para el género humano. Afortunadamente no hay mal que por bien no venga, pues tenemos la opción de plantarnos y dedicar nuestro asueto a otros asuntos más edificantes, tales como pasar más tiempo con la familia, leer un buen libro, hacer deporte, practicar sexo o navegar por Internet.

Lo de Internet no lo he dejado caer por casualidad: la cantidad de posibilidades que ofrece la Red es tan inmensa que necesitaríamos crear una enciclopedia para enumerar solo una parte. Sin ir más lejos, nos permite disfrutar (sin pasar por el peaje de los anuncios) de las mejores contenidos audivisuales del diablo mundo. Ya solo por eso bien vale la pena dejar que el destartalado tren de la TDT pase de largo. Por mi parte pueden metérselo donde mejor les quepa. Estoy seguro de que no lo echaremos en falta.
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