Si_yo_fuera_Miguel_Ángel
El día tres de julio se cumplieron ya cuarenta años desde que Jim Morrison no está con nosotros. El líder de los míticos The Doors llevó a rajatabla el guión preestablecido para los que vivieron una época irrepetible: Vive rápido, pruébalo todo y deja un bonito cadáver. Yo, que también hice mis pinitos en el mundo de la música (aunque sin poder compararme con el "Rey Lagarto" y sus chicos, pues no pasamos nunca de tocar en los pueblos de los alrededores), no estaba muy interesado en lo de vivir tan a prisa, y mucho menos en lo de morir temprano. Sin embargo, una tarde de julio, la fatalidad vino a cruzarse en mi camino. Como cada día, esperé el autobús en la marquesina para ir al trabajo, pero ese día no llegué. Y lo peor de todo: no volví más. Porque después de setenta y dos horas encerrado en un almacén abandonado, no me ocurrió lo que al mítico Jonás, que fue devuelto a la playa y completó su misión en Nínive. A mí me llevaron a un bosque y me pegaron dos tiros en la cabeza. Tenía por aquellas fechas un año más que Jim Morrison y se pueden imaginar que a pesar de mi juventud, no hice para nada un bonito cadáver.

Si aún no se habían dado cuenta, me llamo Miguel Ángel Blanco Garrido y era concejal del ayuntamiento de Érmua por las listas del Partido Popular. Es verdad que desde mi asesinato han pasado ya casi tres lustros y que han cambiado muchas cosas tanto en el panorama nacional, como en el de Euskadi. Ahora hay una formación abertzale soberanista al frente de las Juntas de Guipúzcoa así como de muchos ayuntamientos, incluído el donostiarra. Curiosamente, piden lo mismo que se utilizó para justificar mi ejecución: independencia,
Yo puedo entender que cualquiera de las reivindicaciones es legítima, pero entonces me pregunto: ¿Qué necesidad había de volarme la cabeza? Hubo quien dijo que se debió a un gesto de rabia por parte de la cúpula ante la liberación de José Antonio Ortega Lara por parte de la Guardia Civil. Pero el caso es que unos años después, sin que afortunadamente hubiera nadie secuestrado, y ya con el PSOE en el gobierno, ETA intentó repetir la acción con un concejal socialista, al que la providencia libró de pasar por el mismo mal trago que quien ahora les escribe. A mi manera de ver, eso resta credibilidad al argumento de la ira tras la operación policial, mientras que gana enteros la idea del chantaje. No nos engañemos. Así funcionan todas las organizaciones criminales, con independencia de que se amparen en fines políticos, religiosos o del tipo que sean. A día de hoy dicen que ya no hay violencia, pero miren por dónde que ayer mismo, alguien destrozó el monumento en memoria de mi compañero Juan Mari Jaúregui (edil socialista asesinado en Elorrieta, cuyo municipio gobierna precisamnete Bildu). Y no se ha escuchado a nadie de esa formación recordar a otros asesinados como Fernando Múgica, Fernando Buesa, Jorge Díaz Elorza o Isaías Carrasco. Cualquiera de ellos ocupaba o había ocupado un cargo político, pero estoy seguro que ninguno merecía la terrible muerte que sufrieron (quizás los ediles de Bildu se sienten tan tranquilos, que por eso no se acuerdan ya de los muertos).
Antes de volver yo mismo al limbo en el que me encuentro, quise echar un vistazo al mundo, por ver si alguien pasó por una situación similar a a la mía. Y la encontré. Resulta que desde hace cinco años, otro grupo terrorista mantiene secuestrado a un joven llamado Guilad Shalit. Dicen sus captores que es un objetivo legítimo, pues se trataba de un cabo tanquista, pero lo cierto es que sus argumentos hacen tanta agua como los de mis ejecutores. Si Hamás defiende en su programa que sólo quiere echar a las fuerzas de ocupación de sus territorios, el ataque se produjo tras excavar un túnel que penetró en suelo israelí. El cabo Shalit nunca participó en operaciones de combate, sino que cumplía con su servicio militar obligatorio al igual que otros muchos jóvenes. Y si le preguntaran, seguro que también le gusta más la música y las chicas, que servir en la milicia. Pero el caso es que un día, la fatalidad se cruzó en su camino (al igual que en el mío) y que sus captores exigen a cambio de su libertad cosas imposibles, condenándole de manera indirecta a una pena de muerte. Desgraciadamente, desde hace dos años no se sabe nada de él, pero yo nunca me lo he encontrado entre estas tinieblas, así que quiero creer con toda la fuerza de mi alma que sigue vivo. Lo deseo por él, por su familia y por todos los que le esperan, porque pasar por el mismo calvario que yo no se lo desearía a nadie. Ni siquiera a mi peor enemigo. Me llamo Miguel Ángel Blanco y estoy muerto. Ojalá Guilad tenga más suerte.
PD: Esto pretende ser un homenaje a todas las víctimas de la sinrazón. Ninguna de las personas a quienes nombro querría formar parte de un grupo así. Pero mientras los muertos y sus familias no tienen una segunda oportunidad, o como en el caso de Ortega Lara (532 días secuestrado) sufren secuelas crónicas, otros esperan obtener beneficios penitenciarios en base a una paz negociada (Josu Terenera lo hizo con un gobierno del PP,y De Juana Chaos, con el PSOE). Ahora el presidente de la Junta Foral de Guipúzcoa luce en un pin de su solapa el número de preso de Arnaldo Otegui (quien nunca ha condenado la violencia, ni parece arrepentirse de nada). Y en el caso del cabo Shalit, Hamás exige la puesta en libertad de 1500 terroristas, algunos de los cuales son responsables de terribles matanzas en lugares de ocio de Tel Aviv y Jerusalén que nada tenían que ver con el estamento militar. Ése es el terrible chantaje al que nos tienen sometidos constantemente quienes no creen en más autoridad que la suya.
Manuel Venator, Desde Eumeswil
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