Se_cierra_el_telón

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Imágenes: Donostia/San Sebastián  

    Antes de empezar mi reflexión de hoy, quiero dar las gracias al equipo de Certo por las palabras con las que encabezaba el artículo anterior. Porque aunque parezca mentira, en este país sigue siendo un verdadero honor que incluso cuando los redactores no compartan el contenido de tus opiniones, las hagan públicas sin recortes ni censuras. Por eso, mis más sinceras gracias. Y dicho esto, pasemos al meollo, que después hay quien me acusa de irme por la tangente.


    El pasado jueves parece que fue uno de esos días empeñados en formar parte de la Historia y el hecho de que coincidiese en una fecha redonda, 20-10-2011, hará que ni aquellos aquejados de memoria frágil deban acudir a reglas nemotécnicas para recordarlo. A las tres de la tarde nos informaron de la captura y muerte de Gadafi (el libio, no el de Artes) y cuando aún los teletipos echaban humo tratando de confirmar la noticia, ETA realiza un comunicado en el que da por finalizada la lucha armada. He de reconocer que por malo que sea un personaje, nunca me alegraré de su muerte y menos si es linchado públicamente, porque, como también dije en otras ocasiones, ni todos somos iguales, ni todo vale.


   Pero dejando a un lado los sucesos del norte de África, voy a centrarme en lo que nos afecta de manera más directa, ya que en este punto, se mire como se mire, el fin de la violencia en Euskadi sí es una gran noticia. Éste que les habla residió una temporada en esa bonita tierra que en muchas cosas se parece a la nuestra (desde Galicia a Navarra, paisaje, clima y carácter dejan bastante claro que todos descendemos de un ancestro común, pese a que durante años un grupo de descerebrados a los que tal vez la txapela les ceñía demsiado las sienes impidiendo con ello el correcto riego sanguíneo, se empeñó en fomentar el hecho diferencial por las malas y por las peores). Ahora parece que una nueva generación ha tomado las riendas y que por fin están dispuestos a bajar del monte, no sé si porque tienen envidia de que Martín Garitano coma en el restaurante de Arzak, mientras ellos deben seguir calentándose las lentejas en el micro (aunque sean del EROSKI), o porque han llegado al convencimiento de que las cosas hay que solucionarlas hablando y no con pistolas y cadáveres encima de la mesa.


   Es verdad que al final del vídeo me habría gustado que esos tres actores (no entiendo por qué siempre recurren a ese número, como si quisieran emular a la Trinidad), en vez de alzar el puño se hubieran sacado las capuchas, porque a éste que les escribe, y salvo que sean carnavales, le gusta ver la cara de sus interlocutores. Pero tampoco vamos a ponernos ahora flamencos, que tiempo habrá para ver cómo se gestiona el proceso, pues bien sabemos todos que cuesta mucho más hacer la paz que la guerra. Yo, por mi parte, quiero creer que esta vez va la buena y que este cuento, o más bien pesadilla, ha llegado a su fin. Quiero creer que a partir de ahora a todo aquel que cruce esa línea imaginaria que separa provincias al ver el "Ongi etorri", sienta de verdad que es bienvenido.


   Quiero creer que, por fin, buena parte de los que se tuvieron que marchar de allí (casi 250.000 personas, cifra que curiosamente coincide con el número de votos obtenidos por Bildu en las últimas municipales), puedan volver a casa. Me alegraré por mi amigo Patxi, cuyo padre vive exiliado en el valle de Mena por el simple hecho de ser sindicalista de la UGT. Por mi amigo Joseba, sargento de la Ertzaina que debe vivir junto a su familia en Miranda de Ebro porque sus hijos no podían decir en el cole "papá es policía". O por mi amiga Edurne, que un día vio que habían forzado el buzón de su vecina y por llevarle las cartas en la mano fue considerada como informante de la Guardia Civil. Incluso puede que yo mismo me acerque a dar una vuelta por Getxo, donde seguro que ya no volverán a dejar de servirme copas por no ser bilbaíno o vitoriano. Donde no volverán a  preguntarme en un supermercado si soy "picoleto", sólo por tener acento gallego. O donde no volveré a escuchar a los de la mesa de al lado decir "andaluces, extremeños y gallegos, haced la maleta que viene la ETA". Porque si todo es como parece, la ETA se ha ido para siempre.


    Si esto se confirma, podemos entrar en debates sobre temas considerados hasta ahora "tabú". Incluso cabe la posibilidad de que en un futuro referendúm sobre la autodeterminación se dé la secesión de las provincias favorables a la misma (quizás en Bizkaia y Gipúzkoa, salga el sí, pero por más que se empeñen los abertzales en convocar actos en Iruña-Pamplona, tanto en Nafarroa como en Araba carecen de los apoyos que tanto ansían. Y ya no entramos en Lapurdi y Zuberoa, donde el centralismo francés no se ha movido un ápice desde tiempos de Luis XIV). Pero con las dos capitales cantábricas en sus manos, sería posible que esta nueva generación nacionalista fuese feliz. Incluso cabría la posibilidad de que adoptaran un régimen similar al andorrano, en el que  las presidencias semestrales alternarían en el cargo a un bilbaíno y un donostiarra. Incluso puede que, más adelante, Euskadi llegara a convertirse en la primera república ecológica de la Unión Europea, con una oferta sin parangón en lo concerniente a productos naturales y turismo rural. Donde esos gudaris reconvertidos en granjeros y pescadores llenarían sus restaurantes de deliciosos txuletones, marmitakos y antxoas para mejor gloria de los bucólicos visitantes. Y en esas suculentas comidas no faltarían el txacolí y el patxarán, así como unos buenos quesos de Idiazábal o la siempre exquisita cuajada. Y hasta aquel que compuesto y sin novia renunciara a las veleidades caribeñas a cambio de un viaje más corto, encontraría a una Maitetxu que bien podría conquistar su corazón con un aurresku erótico.


   Mientras tanto, los zulos no descubiertos verían oxidarse unas armas que darían un tono rojizo a las laderas del Gorbeia. La verdad es que no es mal final éste para una zarzuela aún por escribir. Lo que sí está escrito ya es que el terror puede haber llegado a su fin. Y al hilo de esto, recuerdo las palabras de un hombre que antes de ser revolucionario o gran timonel fue maestro. Decía Mao Zedong que"El miedo nunca es la solución, porque cuanto más asustado estés, más fantasmas vendrán a visitarte". Yo les aseguro que tan pronto me despierto de un mal sueño los espectros desaparecen. Pero me pregunto qué pensarán ciertos personajes como Josu Ternera, Iñaki de Juana o Arnaldo Otegui después de que 829 pares de ojos les hayan escrutado durante toda la noche, preguntándoles: "¿Por qué? Desgraciadamente no hay respuesta coherente para semejante pregunta y sólo nos queda pensar que por fin en este vodevil macabro ha caído el telón. Lo digo con toda sinceridad y sin el menor sarcasmo. Quizás por eso hoy me he explayado un poco más de la cuenta. Porque espero y deseo no tener que volver a hablar nunca más de ETA.

Manuel Venator, Desde Eumeswil

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Publicado: jueves 27-oct-11
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