Pies

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    El pasado sábado fue 14 de abril, un día que, según he tenido ocasión de comprobar, sigue levantando pasiones de todo tipo. Curiosamente el año pasado, cuando se cumplían ochenta años de la proclamación de la II República (fecha redonda), el asunto pasó más desapercibido. Yo, pese a lo que digan algunos comentaristas, siempre he simpatizado con los principios republicanos, aunque mi ideario esté más próximo al de prohombres como Lerroux, Ortega y Gasset o el propio Indalecio Prieto que a ciertos personajes que supieron venderse como salvapatrias cuando en realidad llevaban a sus espaldas armarios cargados de miserias (no digo esqueletos, que luego enseguida saltan chispas).


Grafitti en Noia

    Pero es que lo ocurrido en estos últimos días acaba de hacer más daño al ciudadano Juan Carlos que la dictadura de Primo de Rivera a su abuelo Alfonso. Parece mentira que, a estas alturas de su vida, el inquilino de la Zarzuela aún no haya caído en la cuenta del mal fario que persigue a su familia en general y a él en particular. Porque estarán de acuerdo conmigo en que el advenimiento de los Borbones no ha hecho otra cosa que darnos problemas y disgustos. Nos pasamos más de dos siglos a cañonazo limpio contra los franceses y, de la noche a la mañana, resulta que ponen a uno en el trono. Poco después, en virtud de los pactos de familia nos fueron  enfrascando en una guerra tras otra hasta llegar a la ruína definitiva. Y cuando por fin nos creíamos libres de esa casta, tras los desastrosos reinados de Fernando VII y su hija Isabel, refrendada con la abdicación de Amadeo I (quien por cierto dijo antes de irse que éramos ingobernables), nos los traen de vuelta los políticos de turno con dos Alfonsos seguidos.


Placa en La Habana sobre Fernando VII, contando sus "hazañas"

    El primero murió joven y tuberculoso, mientras el segundo tuvo suerte de que Mateo Morral fuera miope y no viera los cables que desviaron la bomba del día de su boda, porque, si no, ahí se habría puesto fin al experimento. Quizás fuese lo mejor para él, ya que se hubiera evitado la ignominia del directorio militar y la posterior huída a media noche cuando el pueblo se cansó de tanta tontería y le dio definitivamente la espalda en aquellas elecciones del 31, que pese a ser municipales (las generales estaban prohibidas), cambiaron por completo el destino del país.


Valle Inclán fue un declarado Anti-Borbón (en su obra "Farsa y licencia de la Reina Castiza")

    Pero por desgracia, los españoles tendemos a tener memoria corta y poco selecta, así que tras el largo reinado de Paco I, a más de uno se le llenó la boca de vivas al rey mientras veía desfilar al actual jefe del  Estado. Juan Carlos, a diferencia de su padre, se las dio siempre de campechano y hasta de "coleguita" (no olvidemos el cachondeo que se traía con los chicos de Wyoming cuando le regalaron las gafas negras del "Caiga quien Caiga"), mientras que en realidad es un tipo de lo más sibilino. Yo no sé como ocurrió el fatídico accidente en el que mató a su hermano de un tiro cuando aún estaban exiliados en Estoril, pero está visto que hay que ser descerebrado (la Constitución dice"irresponsable") para ponerse a jugar con una pistola sin comprobar antes si está cargada (y el episodio tampoco deja en buen lugar al conde de Barcelona, porque las armas hay que tenerlas en lugar seguro; y si uno teme por su vida, las lleva encima). Creo que si a cualquiera de nosotros nos ocurre algo similar, no volvemos a coger en nuestras manos ni siquiera un tirachinas. Pero al Borbón eso no parece asustarle, ya que siguió disparando contra todo lo que se movía en sus alrededores. Tampoco pareció sentirse muy impresionado por el accidente de su nieto favorito en la finca de su padre.


El Borbón cazaelefantes, de bebé, con su abuelo

    Haciendo hincapié (nunca mejor dicho) en la mala suerte, a Jaime de Marichalar le sentó muy mal lo de emparentar con la familia real (aguantar a Elena debe ser duro, pero si desde entonces a mí me diera un ictus cerebral, seguido de un divorcio y encima acabas viendo a tu hijo con un tiro en el pie, salgo corriendo a buscar un exorcista).  Juan Carlos, sin embargo, se fue a Bostwana de cacería, cosa que no deja de ser extraña, cuando algunos le identifican a él con el Elefante (Blanco), que no apareció el 23-F en el Congreso (quizás por eso le da por matar paquidermos, pues teme que alguno le reconozca y se chive). Y tienen suerte los osos de ser especie protegida en territorio peninsular, que si no, ya le veo emulando a Don Fabila, pero con una carabina del calibre 30-06 (de todas formas los caza en Rumanía, que allí le dejan, tras emborracharlos). Con lo que seguro no contaba el monarca, es con ese mal pie que ya le ha jugado malas pasadas y que su nieto Froilán parece haber heredado. En cuanto a su primo del Barbanza, encarnado en la figura de Juanjo Ricoy (y Borbón), no parece haber seguido esa tradición de la escopeta, aunque a su madre Beatriz sí le gustaba pintar escenas de caza. Él prefiere el "dolce farniente" rodeado de amigos a los que ha estafado ya en varias ocasiones y que aún así siguen dorándole la píldora e invitándole a gintonics.  La verdad es que, con semejantes ejemplos, otra familia estaría avergonzada, o en otro sitio peor. Pero en un país donde la gente se deja cortar las piernas, el cojo es el rey.

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Publicado: jueves 19-abr-12
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