Pequeñitas_cosas_de_la_vida
Mi buen amigo Rufino me cuenta que acaba de volver a ver "Memorias de África" una vez más. Como siempre le encanta, le enamora cuando Robert Reford, -Denis- le lava el pelo a Meryl Streep –Karen-, junto al río. Su pelo enjabonado, el cruce de sus miradas, más tarde en la tienda él le pide permiso para besarla, lo contrario que Rufino, que es un ladroncillo de amor, se aman mirándose a los ojos. Al final se rompe el amor y éste es como el amanecer, o se esta allí justamente en ese momento, o se pierde el instante.

La diferencia entre escribir en ordenador o con estilográfica y papel, es que en el papel una lágrima te puede estropear el escrito y en el ordenador el teclado es insensible. Hoy Rufino recibe la visita de los primos: hablan de Portugal, le recuerdan el Portugal de las fronteras cuando los gallegos iban allí a comprar toallas por kilo, buen café, aceites, vajillas y demás.
Hoy, ya sin fronteras, eso no existe, pero para mi amigo Rufino ése no es el Portugal que él visita: él, que besó Portugal más veces que el Papa, él, que quiere que una parte de sus cenizas puedan descansar eternamente entre los ríos Ave, Vicela, Cavado, y los montes Quinxo, Serra de Cabreira e Alvao...

Rufino dice que las amistades hay que cuidarlas muy mucho, pues es uno de los tres pilares de la felicidad: buenas amistades, acertar con la profesión que uno tendrá toda su vida, y que los dioses le concedan la acertada amada, con la que formará la familia. Rufino se ríe con la gente, no de la gente: le gusta el humor espontáneo, rápido, inteligente.
No sé si mi amigo tiene alma. Tal vez sí: un día, de rodillas en el cementerio, se la ofreció a Dios para que no le robasen a su amada. Como éste no le escuchó, se la ofreció al diablo: entregaba su alma a cambio de unos pocos años de vida para su amada, pero éste tampoco le hizo caso. O no tiene alma o no causa interés.
Mi amigo Rufino le respondía el otro dia a unos batracios incoherentes que en invierno no dejen el pelo mojado, que se sequen bien la cabeza al salir del baño, pues a veces la humedad causa moho en las neuronas y de ahí las estupideces que a veces tiene que escuchar. Pero ya sabemos que un estúpido dice estupideces, y un gerente gerenteces.

En otra ocasión decía que él no opinaba mucho, que no era de los que daban consejos gratuitos, pues llegar a pensar como piensa le costó dinero y mucho tiempo. Y sentenciaba: dos burros, uno con las alforjas vacías y el otro con ellas llenas de libros, no dejan de ser dos burros.
Me contaba en otra jornada, otro día más:
.- Fíjate: la palabra más bella, la palabra madre, si le añades política, ¡mira lo que haces!
Después hablamos del relativismo, de la ley de Campoamor, y me recita:
A la infiel más infiel de las hermosas
un hombre la quería y yo la amaba;
y ella a un tiempo a los dos nos encantaba
con la miel de sus frases engañosas.
Mientras él, con sus flores venenosas,
queriéndola, su aliento emponzoñaba,
yo de ella ante los pies, que idolatraba,
acabadas de abrir echaba rosas.
De su favor ya en vano el aire arrecia;
mintió a los dos, y sufrirá el castigo
que uno le da por vil, y otro por necia.
No hallará paz con él, ni bien conmigo
él, que sólo la quiso, la desprecia;
yo, que tanto la amaba, la maldigo.
Vale por hoy. Así son las cosas de Rufino. Disfruten del verano. Felices paquidérmicas.

Todos los artículos de Manuel Domínguez en Certo, aquí
Publicado: miércoles 21-jul-10
Páxina anterior: Manuel_Domínguez
Páxina seguinte: JJ_Fernández_Suárez
Agregar Comentario