La_peluquera
Bien sabido es que tan importante como el estilo al cortar el pelo, son los senos de las peluqueras. Queramos o no, nos fijamos porque quedan a la altura de los ojos y ciegos no estamos.
Eso lo sabe bien mi amiga Luísa -¡qué lista que es!- que puso peluquería propia y el negocio le funciona de maravillas. Luísa y sus empleadas visten cómodas en el trabajo: pantalón flojo de algodón negro, camiseta blanca ajustada -pero no ceñida-, zuecos en los pies. La camiseta lleva el logotipo de la empresa en el lateral izquierdo y escote redondo sin exageraciones.
A Luísa le gusta atender personalmente a los hombres que visitan su local y lo hace con amabilidad sucinta.
.- Buenas tardes. Pase por favor, acomódese para lavar el pelo.
Fotograma de "El Marido de la Peluquera",
de Patrice Leconte.
Cada vez más varones acuden a la peluquería de Luísa por el masaje que ella ofrece al enjabonar: calmado, con las yemas de los dedos, un poco mas firme detrás de las orejas, con las palmas en la nuca.
Al terminar Luísa encara al cliente de pelo mojado:
.- Ya se puede levantar.
La peluquera -¡qué espabilada es!- cosió en su sostén dos pequeños bolsillitos a la altura de los pezones, y cuando termina de lavar la cabeza de los hombres, discretamente introduce en esos bolsillos dos garbancitos rechonchos: uno en el derecho, otro en el izquierdo. Dos protuberancias que no les pasan desapercibidas a los hombres cuando ella se situa frente a ellos después del relajante masaje.
- ¿Me acompaña?, les invita.
Nimiedades a parte, Luísa hace su trabajo muy profesional cortando a tijera
www.erotomana.com
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Publicado: sábado 19-jun-10
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