El_taxista

Compartir

El gremio de los taxistas es el último bastión al que una se puede agarrar, sexualmente hablando, en las noches de un sábado de movida.  

    Es entrañable entrar en un taxi a las cinco de la mañana después de haber estado conversando durante horas con un hatajo de hombres que apestan a alcohol. El taxista siempre está ahí, mascando chicle mentolado en su coche limpito, con todo el tiempo del mundo para pasearte por las calles desiertas, con tal de que, claro está, le pagues la carrera. En situaciones de apuro sensual, cuando una necesita urgentemente las manos de un hombre encima del cuerpo, es mejor no escatimar.

    Recomiendo acudir a una parada transitada y esperar a que te toque el taxista que te llene el ojo, a ese príncipe azul con el volante en una mano y el freno de ídem en la otra. En cuanto el seleccionado se apueste como primero de la fila, ¡zas! cuélate en su vehículo y saluda con desparpajo:

   .- ¡Buenas noches!

    Es tremendamente importante que tu voz suene fresca. Fundamental que pongas esa vocecita de gatita mimosa, que busques esa seducción en la garganta, porque va a ser tu principal instrumento de conquista, el arma de la que va a depender la gloria de la victoria. El guapo taxista no es capaz de conducir y de mirar atrás para observar tu rostro acalorado, tus labios despintados o tu minifalda arrugada hasta la cadera. Aunque lo desee no debe hacerlo: sería una imprudencia que la buena profesionalidad de su sector no se puede permitir. No debe mirar atrás y no lo hace, de modo que tu obsesión debe ser lanzar tu anzuelo desde las cuerdas vocales y jugar con la mirada en el espejo retrovisor.


    Los taxistas son, por lo general, tipos extrovertidos, acostumbrados a bregar con todo tipo de gente. No suelen hacerle ascos a una sonrisa templada de una mujer en celo. El taxista está hasta los cojones de los malhumores, de las respuestas airadas, de la indiferencia, así que se pone contento cuando alguien le habla con alegría y optimismo.
    El taxista es un hombre de mundo y normalmente no es necesario andarse con chiquitas: rápidamente captan la situación. Cuando el taxi frena delante de tu casa, o del hotel donde pensabas llevarlo, tienes que afinar la conversación y hacer que resulte indispensable continuarla delante de un café. Al taxista nunca se le debe ofrecer una copa: si así lo haces, evidencias que deseas que no vuelva a conducir el taxi en toda la noche, que lo que tienes en mente es desviarlo de sus obligaciones en la carretera a otras mucho más placenteras entre sábanas. No hay muchos taxistas apasionados de su trabajo, así que tu oferta será un dulce difícil de rechazar.También una se puede quedar en el taxi, lo cual no deja de tener su atractivo, pero siempre que él lo proponga, por supuesto.
 

flickr de flickraway

    Una vez en materia, el taxista es como un hombre cualquiera. No se puede garantizar que sea bueno en la cama: que se muestre como mejor o peor amante depende de lo que haya aprendido hasta el momento en que tú lo conozcas. Dependerá de las ganas que le ponga y de la química que resulte entre vosotros. Dependerá de si, una vez fuera del taxi, tu trasero le resulta apetecible y tus pechos amasables.
    El taxista, en fin, funciona como otro varón cualquiera: los hay mejores. Y los hay peores.

www.erotomana.com


Los textos en castellano de Susana Moo,aquí

Os artigos en galego, aquí



Compartir

Publicado: viernes 16-abr-10

Agregar Comentario

Agregar Comentario

Su nombre(*):
Comentario(*):
 

Imprima esta página Menea esta nova Chuza esta nova

Páxina anterior: Susana_Moo_castellano
Páxina seguinte: Por_libre_2010