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El_hombre_que_miraba_al_mar

Artigo primeiro:


A política cultural no Barbanza: unha asignatura pendente


Artigo segundo:

A ordenación territorial, outra asignatura pendente

Artigo terceiro:

Política turística por construír no Barbanza

Artigo cuarto:

Crise económica e situación de futuro

Artigo quinto:

O porto de Ribeira como motor económico

 

Artigo sexto:

O 15M e a responsabilidade da sociedade,

 

 

Artigo sétimo:

A sociedade da información: necesidade de debate

Artigo oitavo:

Educación e futuro: cara onde ir?

Artigo noveno:

Proposta de actuación para facendas municipais en crise

Artigo décimo:

Posta en valor do patrimonio de Santa Uxía: o edificio Chipperfield

Artigo undécimo:

E agora que?Encrucillada da gobernanza española tralo 20N

 

Artigo duodécimo:

  Eleccións do 20N: Dificultades na gobernanza

 

Artigo decimoterceiro:

  Sentimento de pertenza ao Barbanza

 

Artigo decimocuarto:

  200 días de gobernanza local: cal é o rumbo?

 

Artigo decimoquinto:

  Quen paga os axustes?

Artigo decimosexto:


Somos iguais ante a lei?

Artigo decimosétimo


O esquecemento de Barbanza nos orzamentos estatais

 

 Artigo decimoitavo


Eu acuso 

Artigo decimonoveno


Imaxe de marca do Barbanza

Artigo vixésimo:


 

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A prol dunha democracia real

29


Nas mans de quen estamos

 

A modo de presentación:   


     Muchas son las pisadas que vamos dando en nuestra vida. Son pisadas, algunas, nítidas y bien definidas sobre el ronsel que va dejando el camino. La senda se hace angosta y muy exigente, en ciertos tramos de nuestro recorrido. Anhelo el momento del descanso, mas no atisbo en el horizonte lejano del existir cuál será la atalaya que me permitirá contemplar en un silencio meditado el devenir de mis pasos. He estado tratando de buscarme pero no me he encontrado. He pasado muchas veces por lo efímero de lo feliz y he caído, con frecuencia, en el laberíntico pozo de lo complejo, lo angustioso, lo intranquilo, lo tormentoso. Los surcos de la vida me van labrando el rostro a golpe de cincel y trencha, más no me reconozco en lo más morfológico y externo de mi ser. Hay una dualidad en el hombre. Existe y habla con el silencio, mas no es escuchado. Su voz parece inaudible para lo común del gentío. Hoy he hecho una parada obligada para descargar mi fatiga. He decidido mirar al Mar. Por momentos me parece que me encuentro inserto en él. Es como si mi espíritu abandonase la coraza de este cuerpo material e imperfecto para sobrevolar lo terrenal. Es la fusión del existir y el ser con lo natural y lo bello. Es la idealización perfecta del ser y el estar en la dimensión del aquí y el ahora. Por momentos me parece que el tiempo se detiene en el trance de una meditación cuasi metafísica. La respiración se me hace lenta cuando contemplo lo bello, lo mágico, lo indómito, lo salvaje, lo profundo, lo único e inalcanzable: la libertad que me suscita el pensamiento en el mar.


     Pasan las horas con cansino andar y sigo aquí, en el gran roquedo que ha sido labrado por los canteros del mar. La piedra esculpida con cánones perfectos donde el artesano Mar ha dado forma vital a lo más abstracto de la naturaleza para crear la belleza: las caprichosas formas graníticas que me escuchan cotidianamente cuando asisto a visitarlas. Hay veces que las escucho con atención conversar con mi yo. Son palabras sabias de Maestro que se le dan al caminante para que se encuentre en estrecha e íntima comunión con su ser. Son voces desgarradas del interior que muestran al desnudo las viejas doctrinas de otrora ya perdidas. Son ecos del silencio que me hacen llegar a mi paz deseada y sufrida. Son lágrimas que me resbalan de las mejillas cuando al contemplar en quietud y silencio lo hermoso, lo profundo y lo vello de esas voces que me evocan los Dioses del Olimpo me transportan a una dimensión atemporal, panteísta y mística. Veo el Mar y soy feliz. Pienso en lo afortunado que soy y no encuentro palabras para describir todo lo que éste me reporta. Me propongo visitarlo a diario, como si de un amor deseado e imposible se tratara, mas no sé bien si mis deseos podrán ser alcanzados. Lo quiero en silencio y me entrego a él, deseando que la luz de mis ojos lo vuelva a encontrar. Mi destino está trazado. El recorrido vital que debo seguir me envuelve en una espiral de incertidumbres. He de buscar la luz del mar para continuar alentando esperanza en un mundo que me parece distante, incierto, oscuro y tenebroso. Tal vez el mar me ayude a ser feliz. Sólo deseo contemplarlo, como si fuese el último resplandor de luz que me viniese a visitar.

José Antonio Díaz Fernández



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