De_cuencas_mineras_a_Nuevo_Macondo
Imagino que ya lo saben ustedes, pero desde hace un mes, toda la cuenca minera asturleonesa está en pie de guerra. Es verdad que en los telediarios no es noticia que se prodigue mucho, pues entre rescates bancarios, primas de riesgo y Eurocopa a nuestros convecinos no les queda espacio ni para que el corresponsal de turno lea la proclama de la pancarta. Eso sí, de preguntarle a las personas que día a día deben transitar por las carreteras que pasan cerca de los pozos, o a las unidades de antidisturbios de la Guardia Civil desplegadas en la zona, ahí la cosa cambia de forma radical. Es más, el otro día vi una noticia (que por cierto no tuve ocasión de contrastar), en la que los mandos policiales se quejan de la musculatura de los mineros.

Por "cachas" que esté el agente de turno, no es comparable lo de machacarse un par de horas levantando pesas en el gimnasio, con lo de trabajar toda la vida picando piedra debajo de la tierra. No me cabe la menor duda de que ante un reconocimiento médico general, al uniformado le pondrán una matrícula de honor, mientras que al minero le dirán que tendrá una vida laboral tan corta como la de un fútbolista (aunque trabajando mucho más y cobrando mucho menos). Y mientras los héroes de la pelota pueden aspirar a un retiro dorado jugando su última temporada en un paraíso de los Emiratos del Golfo Pérsico, a los mineros no los mandan a reciclarse ni a un pozo a cielo abierto en Polonia o Sudáfrica. Su vida, ya de por si dura, se ha vuelto últimamente un poquito más, pues al gobierno le han cortado el grifo europeo de las ayudas y con ello parece haber encontrado la manera de darle el tiro de gracia a un sector que lleva demasiado tiempo siendo deficitario. Ya lo escribí una vez, y nuevamente lo repito: Europa tenía en los noventa un plan para España y éste consistía en convertir el país en una reserva de biomasa que ocupara cada hectárea del territorio peninsular. Por aquel entonces al presidente González y a su amigo Jose Antonio Griñán (antes ministro y hoy flamante señor de Andalucía), les faltó muy poco para firmar el acuerdo, pero la presión de los agricultores de su tierra, sumados a los extremeños y manchegos, suponían un granero de votos demasiado importante como para dejarlos caer en las garras de las"gaviotas". El caso es que se dijo que no, y como en aquella incipiente UE, el concepto de soberanía nacional aún tenía fundamento, los comisarios retiraron la propuesta. Pero bien es sabido que desde esas fechas a las que acabo de referirme, han cambiado muchas cosas, por no decir que todas. Esa soberanía es en la actualidad un concepto desdibujado, que llega a convertirse en moneda de cambio cuando se trata de intervenciones o rescates. Ya ni siquiera el Banco Central Europeo parece controlar la situación, sino que sus directrices se han convertido en caja de resonancia de una voz que suena muy fuerte en Berlín. Y si esto no fuera de por sí más que determinante, resulta que ya a nadie le importan los réditos electorales que pueden obtener de un sector mayoritaria y tradicionalmente de izquierdas.

En 1934, la cuenca minera fue escenario de otro levantamiento que pronto puso a toda Asturias en armas y amenazó la estabilidad del gobierno central. Quizás por eso,enseguida se echó mano del ejército de África para sofocar la revuelta. Pero ahora las batallas que se libran en los montes asturleoneses ya no encuentran eco ni repercusión mediática. Y lo que es peor, no parecen interesar a nadie más que a las partes directamente enfrentadas. Como decía al comienzo, mal año han elegido unos para iniciar la lucha, mientras que en la otra cara de la moneda, a los poderes fácticos le vienen de perlas los problemas macroeconómicos y el fútbol a todas horas.

Y en lo que respecta a Ribeira, lo de las minas nos resulta como el comienzo de las películas de Star Wars (esto es, en una galaxia muy lejana). Aquí el sector pesquero vive su eterna e irresoluble crisis, pero el caso es que nadie se mueve. Tanto es así, que el otro día se inauguraba una plaza en honor a García Márquez, mientras que más de un vecino despistado se preguntará cuando fue alcalde ese señor. Y es que así somos en este nuevo Macondo enclavado en pleno Barbanza. Al igual que los mineros de las cuencas asturleonesas, parecemos condenados a pasar "Cien años de soledad", como si nosotros también fueramos descendientes de los "Buendía", aunque por ahora no nos ha nacido ningún niño con rabo de cerdo. Y mientras esperamos esa pensión del gobierno que nunca acaba de llegar, nos preguntamos lo mismo que la mujer de ese coronel a quien nadie escribía: "¿Qué vamos a comer mañana?". Gabo responde por boca de su antepasado: "Mierda".
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