El informático (al que llamaré Tico) está harto de ser el apagafuegos:
- Tico: se me cayó el sistema.
-Tico, ven a mirar si tengo el teclado bloqueado.
- Tico, ¡no puedo acceder a la Red!
Tico por aquí, Tico por allá, y el pobre anda que te andarás, arreglando los problemas con resignación y buen hacer. Pero un buen día, Tico leyó en la prensa que los varones que pasan mucho tiempo sentados en el trabajo, calentando los testículos, pueden desarrollar algún tipo de desajuste sexual.
.- ¡Maldición! -exclamó Tico al leerlo-, ¡eso sí que no!
Tomó cartas en el asunto con la eficiencia que lo caracteriza: buscó la información necesaria y organizó una serie de ejercicios para favorecer esas partes recocidas de su anatomía.
Tico es metódico y se toma muy en serio la salud de su aparato reproductor: no hay día que no siga una tabla de musculación que elaboró meticulosamente y tiene escrita en la cabecera de su cama. Tico es un hombre vigoroso y, como tal, despierta con una erección de envergadura. Sin perderla, va al baño, coge una toalla limpia y la moja de forma que pese, la dobla a lo largo y la cuelga de su badajo para levantarla a fuerza de impulsos perineales.
.- Una, dos, tres...
Tico no es especialmente deportista pero su tranca está maciza que da gloria verla. Le arrea unos latigazos al paño de campeonato.
- Veintitecinco, veintiseis... veintinueve...
Tico es contrario a los culturistas, tan musculados de cuerpo pero de penes raquíticos.
- Cuarenta y ocho, cuarenta y nueve...
El atleta suda la gota gorda, pero tiene una voluntad que mete miedo y pinza la toalla con una potencia asombrosa.
- Ciento quince, ciento dieciseis...
El rostro se le va desencajando, pero Tico erre que erre, con el cipote arriba y abajo, sin perder el compás.
- Doscientas noventa y ocho, doscientas noventa y nueve...
Si Tico estuviera en un campo de fútbol recibiría una ovación, pero Tico es modesto y noble, no busca presumir de su potencia.
- Trescientas veintiseis, trescientas veintisiete...

Si el levantamiento de pesas con el músculo central fuera deporte oficial en las Olimpiadas, Tico se llevaría el oro.
- Quinientas.
Suspira el informático y mete en la bañera todo el cuerpo para refrescar con agua esa parte de la que se siente ahora tan orgulloso, y con toda la razón. Por supuesto, no cae en la tentación de saciar su virilidad: su esperma lo guarda para el recipiente adecuado.
Después, en la oficina, Tico toma sus precauciones: cada hora visita el baño, se baja el pantalón y refresca sus atributos. Tiene la mandinga tan bien adiestrada que con decirle "Up!" aquello se pone tieso, como si fuera un rotweiller a punto de enloquecer.
.- Up!, dice Tico y la serpiente levanta la cabeza, oscilando. Si Eva estuviera por allí no dudaría en moder la manzana roja, pero Eva no está y a Tico no le queda otro remedio que volver a su trabajo, pleno de autoconfianza y con la potencia interior adecuada para ponerse a trabajar.
Los textos en castellano de Susana Moo,aquí
Os artigos en galego, aquí